Hace 2 semanas me dí un autentico festín cinematográfico. Mi jornada empezó con otra película de Murnau, “El castillo Vogelod”. En este caso la trama, como bien reza el título, se centra en un castillo en el que un grupo de aristócratas debaten sobre un reciente crimen que todavía no ha sido resuelto. Conforme avanza la cinta, surgen nuevas pistas que arrojan más luz sobre la identidad del asesino.
A pesar de que según la crítica no es la mejor obra de Murnau, la cinta lo tiene todo, intriga, suspense, misterio, incluso hacia el final se dan algunos giros inesperados. El resultado es una película bastante entretenida, con lo que si tenemos en cuenta que la película data de 1921, los medios técnicos en aquella época eran más bien escasos, y que fue rodada en 16 días, el resultado es bastante notable.
A continuación pasaban a emitir la película “Phantom”, también de Murnau. Entre las dos películas eran casi 4 horas de proyección, pero lo cierto es que no me quería perder ninguna de las dos. Además, el módico precio de la entrada (2 euros), invitaba a repetir sesión.
“Phantom” es una adaptación de una novela de Gerhart Hauptmann, que mediante una historia de amor no correspondido opone la sordidez del mundo proletario con el ambiente cosmopolita de los ricos.
El protagonista Lorenz Lubota (Abel) es un modesto empleado administrativo del ayuntamiento que pierde el control sobre si mismo cuando se enamora de la hija de un rico comerciante de su ciudad (Veronika), y pierde el control sobre si mismo, iniciando un camino autodestructivo que le conducirá a su infierno particular. Este proceso convertira al honrado y modesto empleado Abel en un ser maligno que cometerá actos criminales.
La película podría definirse como un drama psicológico, aunque también contiene elementos de crítica social, drama y fantasía. Las visiones oníricas del protagonista aparecen cada vez mas distorsionadas y falseadas, demostrando su desorden mental.
Así pues, tras casi 4 horas de proyección, en ningun momento se me hizo largo o pesado, lo cual es lo mejor que se puede decir en estos casos.
Al día siguiente tocaba volver para ver la película “Juegos astrales” de Luciano Berriatua. Esta es una película independiente rodada con escasos medios. Es sobre una secta ocultista que se dedica a vender viajes al mas allá. Martín, que acaba de perder a su padre, el cual era miembro de la secta se convierte en victima propiciatoria. En este caso se trata de una película menor, cierto es que estaba rodada con escasos medios, sin embargo en este caso el resultado no resulta demasiado brillante. La película se hace algo machacona y reiterativa. Las comparaciones son odiosas, pero en este caso se me hizo más larga los 78 minutos de esta película que las casi 4 horas del día anterior. Más interesantes se revelaron los 2 cortos que se proyectaron del mismo director antes de la película, “El hombre de palo” y “El método del Doctor Alquitran y del Profesor Pluma”.
Mi particular semana cinéfila se cerro el sábado con la película “El último”, también de Murnau. Es la historia de un portero de hotel que se ve degradado cuando pierde facultades a mozo de los lavabos. Estamos ante una nueva crítica de la sociedad capitalista. Avalada por la crítica, personalmente encontré la película algo lenta. Por no haber, no hay apenas subtitulos, los cuales aparecen en contadisimas ocasiones. Estamos ante una película muda con mayúsculas. Aún así se nota el buen trabajo de Murnau, y de los técnicos, con unos decorados notables para la época. En final es bastante inverosímil, el cual no revelaré por si alguno se anima a verla.
Luces, cámara, acción.
jueves, 24 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
Murnau & Luciano Berriatua (I)
No se puede negar que Zaragoza ofrece una buena oferta cultural, cuando se sabe moverse. En este caso, cuando me entere que en la filmoteca de Zaragoza iba a empezar un ciclo sobre el director de cine alemán Friedrich Wilhelm Murnau, más conocido a secas como Murnau, allá que me presente sin pensármelo dos veces. Además que el ciclo empezaba con un plato fuerte de ordago, era nada menos que “Nosferatu” la película encargada de abrir el ciclo. Siento una pequeña gran debilidad por esta película, que ya he visto varias veces, práctica que no suele ser habitual en mí. Así que era un sacrilegio perderme su emisión en pantalla grande. Incluso la filmoteca estaba abarrotada, cosa que no suele ser nada habitual. Nosferatu es la adaptación de la novela “Drácula” de Bram Stoker. Rodada en 1922 se puede considerar una autentica pionera en el cine de terror. Murnau tuvo un pleito con la viuda de Bram Stoker, la cual le denuncio por infringir los derechos de autor. Al final Murnau perdió el pleito y fue condenado a destruir todas las copias, pero afortunadamente unas pocas se salvaron. También hay que tener en cuenta que cuando se rodó esta película el cine era mudo. Sin embargo Murnau salva este escollo con un magistral manejo de la imagen. Los decorados son realmente inquietantes y perturbadores, a pesar de ser de cartón piedra. Y también es indudable el gran papel del actor que da a vida a Nosferatu (Max Schreck, cuyo apellido en alemán curiosamente significa “horror”). Para la historia del cine quedará Schreck y sus movimientos inquietantes. Realmente el personaje esta bastante logrado gracias al maquillaje. ¡Y eso que la película tiene casi 100 años!. La cinta puede considerarse precursora del expresionismo aleman que posteriormente nos dejaría grandes joyas como “Metropoli” o “El Gabinete del doctor Caligari”.
El manejo de la imagen, los decorados y las sombras es magistral, convirtiendo a la película en un puro espectáculo visual, dejando incluso el argumente de Nosferatu en un segundo plano.
Además tuvimos el honor de contar con la presencia de Luciano Berriatu, un director de cine independiente y restaurador de películas presentando a Nosferatu.
Lo cierto es que apunto algunos detalles interesantes comentando que el cine es una aproximación al arte como la pintura. Sin embargo la pintura, es un proceso bastante lento y laborioso, por lo que el cine es mucho más dinámico. El segundo apunte fue que Murnau era seguidor de la corriente ocultista, hecho que desconocía. El bueno de Luciano se declaró como un autentico entusiasta de Murnau, y no dudó en adjudicar a “Nosferatu” el titulo de la mejor película de terror de la historia. Quizás el galardón resulte algo exagerado, ya que Bela Lugosi hizo otra magnifica versión unos pocos años después, pero sin duda supera con creces a estas pseudo historias de vampiros adolescentes que circulan por la cartelera en nuestros días.
Después de la película hubo una tertulia sobre la película a la que a mi pesar no me pude quedar. Al día siguiente me tocaba madrugar, sin embargo me quedo curiosidad por ver el largo de Luciano “El Buscón”, que se emitía al día siguiente en la filmoteca.
Nuevamente allí estaba Luciano para presentar la película. En este caso señalo que era posible utilizar el cine como una ventana para asomarse a otra época y vivir otras vidas que de otra manera sería imposible vivir. El Buscón es una adaptación cinematográfica de la celebre obra de Quevedo.
Se trata de un película un tanto purista, en la que se intenta presentar a la sociedad española del siglo XVII, imitando las prendas de vestir, costumbres e incluso la forma de hablar de los protagonistas. Por ello, a veces se hacía difícil seguir los diálogos entre los personajes.
Se trata de una película correcta, que no defrauda, aunque le encontré la pega del lenguaje. Eso y que el día anterior había visto Nosferatu, quizás hicieron que la película no terminará de entusiasmarme.
Mi particular semana cinefila termino el sábado viendo otra obra de Murnau, “La luz que mata”. En esta ocasión se trata de un drama romántico. En este caso la película tampoco termina de enganchar. El argumento no resulta del todo atractivo, basado en enamoramientos-ruptura-enamoramiento con otra persona. En este caso, además la película no tiene la fuerza expresiva de Nosferatu. Quizás en esta ocasión aún resulta más evidente las carencias técnicas de la época, puesto que el cine estaba dando sus primeros coletazos. Por otra parte, tampoco se puede pretender que un director haga obras maestras como churros, así que en este caso la película solo resulta adecuada para los amantes del cine mudo, como documento histórico de una época pasada. Cada uno tiene sus debilidades. Una de las mías es el cine mudo, así que aunque la película no terminara de cuajar, terminé marchándome con la sensación de haber pasado una tarde bastante entretenida.
El manejo de la imagen, los decorados y las sombras es magistral, convirtiendo a la película en un puro espectáculo visual, dejando incluso el argumente de Nosferatu en un segundo plano.
Además tuvimos el honor de contar con la presencia de Luciano Berriatu, un director de cine independiente y restaurador de películas presentando a Nosferatu.
Lo cierto es que apunto algunos detalles interesantes comentando que el cine es una aproximación al arte como la pintura. Sin embargo la pintura, es un proceso bastante lento y laborioso, por lo que el cine es mucho más dinámico. El segundo apunte fue que Murnau era seguidor de la corriente ocultista, hecho que desconocía. El bueno de Luciano se declaró como un autentico entusiasta de Murnau, y no dudó en adjudicar a “Nosferatu” el titulo de la mejor película de terror de la historia. Quizás el galardón resulte algo exagerado, ya que Bela Lugosi hizo otra magnifica versión unos pocos años después, pero sin duda supera con creces a estas pseudo historias de vampiros adolescentes que circulan por la cartelera en nuestros días.
Después de la película hubo una tertulia sobre la película a la que a mi pesar no me pude quedar. Al día siguiente me tocaba madrugar, sin embargo me quedo curiosidad por ver el largo de Luciano “El Buscón”, que se emitía al día siguiente en la filmoteca.
Nuevamente allí estaba Luciano para presentar la película. En este caso señalo que era posible utilizar el cine como una ventana para asomarse a otra época y vivir otras vidas que de otra manera sería imposible vivir. El Buscón es una adaptación cinematográfica de la celebre obra de Quevedo.
Se trata de un película un tanto purista, en la que se intenta presentar a la sociedad española del siglo XVII, imitando las prendas de vestir, costumbres e incluso la forma de hablar de los protagonistas. Por ello, a veces se hacía difícil seguir los diálogos entre los personajes.
Se trata de una película correcta, que no defrauda, aunque le encontré la pega del lenguaje. Eso y que el día anterior había visto Nosferatu, quizás hicieron que la película no terminará de entusiasmarme.
Mi particular semana cinefila termino el sábado viendo otra obra de Murnau, “La luz que mata”. En esta ocasión se trata de un drama romántico. En este caso la película tampoco termina de enganchar. El argumento no resulta del todo atractivo, basado en enamoramientos-ruptura-enamoramiento con otra persona. En este caso, además la película no tiene la fuerza expresiva de Nosferatu. Quizás en esta ocasión aún resulta más evidente las carencias técnicas de la época, puesto que el cine estaba dando sus primeros coletazos. Por otra parte, tampoco se puede pretender que un director haga obras maestras como churros, así que en este caso la película solo resulta adecuada para los amantes del cine mudo, como documento histórico de una época pasada. Cada uno tiene sus debilidades. Una de las mías es el cine mudo, así que aunque la película no terminara de cuajar, terminé marchándome con la sensación de haber pasado una tarde bastante entretenida.
martes, 18 de enero de 2011
Juegos prohibidos de René Clement
Hace un tiempo atrás adquirí el propósito de ver todas las películas que se habían hecho con el Oscar a la mejor película. Desde la tierna “Alas” de 1929 hasta “En el calor de la noche” (1968), la última que he visto (donde por cierto Sidney Poitier hace un magnifico papel), ya han pasado unas cuantas. Las ha habido para todos los gustos, aunque gracias a este habito he descubierto el talento de grandes genios como Billy Wilder (“El apartamento”), o Elia Kazan (“La ley del silencio”). Sin embargo reconozco que la década de los años 60 se me ha atragantado. Ello es debido a la existencia de algunas películas que considero “menores” como “Un hombre para la eternidad”, “Tom Jones”, o incluso “West Side Story”. Considero que estas películas hoy en día pasarían inadvertidas. También es debido a la abundancia de los musicales en esta década, un género que no es santo de mi devoción (salvo honrosas excepciones) y que llego a copar hasta 4 películas de dicho género que se hicieron con la preciada estatuilla en la década de los 60. Por ello hace poco me decante por empezar con la categoría de Oscar a la mejor película de habla no inglesa, cuya categoría empezó en 1947 con “El limpiabotas” de Vittorio de Sica. Pocas han sido las películas que he visto, sin embargo destaca la calidad de todas ellas, quizás con la única excepción de “Monsieur Vincent”. Mucho y bien se puede hablar de la mayoría de ellas, “La strada” (sobre la cual ya hablé aquí), “El limpiabotas” y “Ladrón de bicicletas” son autenticas joyas del neorrealismo italiano, mientras Kurosawa brilla con luz propia en “Rashomon”.
Esta semana llegaba el turno de “Juegos prohibidos” de René Clement, la cual a priorí, me esperaba
que no mantendría el nivel de las anteriormente citadas pero nada más lejos de la realidad. Y más aún cuando se trataba de una película desconocida para mí.
La acción comienza cuando centenares de franceses se dirigen hacia el sur de Francia, huyendo del implacable ataque alemán. Entre ellos se encuentra la joven Paulette, que huye de los bombarderos junto a su familia y su mascota. La familia de Paulette muere durante al ataque, al igual que su perro, por lo que la niña deberá enfrentarse a un futuro incierto y cruel, desde el primer momento de la película. Incapaz de abandonar el cadáver de su perro, se propicia el encuentro entre Paulette y el joven Michel de 11 años, que consigue que la niña sea acogida en la granja en la que vive, junto a su familia.
Se trata sin duda de una película conmovedora, contrapone la brutalidad de la guerra junto a la inocencia de los niños, lo que acentuá el carácter detestable de los conflictos armados.
Supongo que utilizar el rodaje de niños en las películas es jugar a la ruleta rusa, pero en este caso es de justicia reconocer que Paulette (Fossey) y Michel (Poujouly) están soberbios en su papel, dotándoles de una expresividad y una fuerza narrativa que difícilmente podría conseguirse con un actor adulto.
La película tiene un fuerte componente de emotividad y de impacto pero con el notable merito de no caer en la sensiblería fácil, lo que es jugar sobre el alambre pero sin caerse. Los juegos de los niños, son ajenos pero a la vez guardan una fuerte relación sobre el terrible momento que les ha tocado vivir. Incluso tienen cabida algunas gotas de humos negro que no consiguen quitar dramatismo a la película.
La banda sonora aporta un tema de gran lirismo que alcanzo una gran popularidad en la época y la fotografía presenta encuadres rotundos y composiciones de autentica belleza.
Eso sí, hay que reconocer que la película deja un poso de amargura y de mal cuerpo que es difícil de eliminar, quizás el único pero que le encuentro es de índole política. Esta película podría remover conciencias y reabrir heridas que se estarían cerrando con el tiempo, aunque también considero útil el mensaje pacifista y antibelicista de la película. Para que la historia de Michel y Paulette no vuelva a repetirse (o historias similares), ya sea en Europa o en Oriente Medio.
Esta semana llegaba el turno de “Juegos prohibidos” de René Clement, la cual a priorí, me esperaba
que no mantendría el nivel de las anteriormente citadas pero nada más lejos de la realidad. Y más aún cuando se trataba de una película desconocida para mí.
La acción comienza cuando centenares de franceses se dirigen hacia el sur de Francia, huyendo del implacable ataque alemán. Entre ellos se encuentra la joven Paulette, que huye de los bombarderos junto a su familia y su mascota. La familia de Paulette muere durante al ataque, al igual que su perro, por lo que la niña deberá enfrentarse a un futuro incierto y cruel, desde el primer momento de la película. Incapaz de abandonar el cadáver de su perro, se propicia el encuentro entre Paulette y el joven Michel de 11 años, que consigue que la niña sea acogida en la granja en la que vive, junto a su familia.
Se trata sin duda de una película conmovedora, contrapone la brutalidad de la guerra junto a la inocencia de los niños, lo que acentuá el carácter detestable de los conflictos armados.
Supongo que utilizar el rodaje de niños en las películas es jugar a la ruleta rusa, pero en este caso es de justicia reconocer que Paulette (Fossey) y Michel (Poujouly) están soberbios en su papel, dotándoles de una expresividad y una fuerza narrativa que difícilmente podría conseguirse con un actor adulto.
La película tiene un fuerte componente de emotividad y de impacto pero con el notable merito de no caer en la sensiblería fácil, lo que es jugar sobre el alambre pero sin caerse. Los juegos de los niños, son ajenos pero a la vez guardan una fuerte relación sobre el terrible momento que les ha tocado vivir. Incluso tienen cabida algunas gotas de humos negro que no consiguen quitar dramatismo a la película.
La banda sonora aporta un tema de gran lirismo que alcanzo una gran popularidad en la época y la fotografía presenta encuadres rotundos y composiciones de autentica belleza.
Eso sí, hay que reconocer que la película deja un poso de amargura y de mal cuerpo que es difícil de eliminar, quizás el único pero que le encuentro es de índole política. Esta película podría remover conciencias y reabrir heridas que se estarían cerrando con el tiempo, aunque también considero útil el mensaje pacifista y antibelicista de la película. Para que la historia de Michel y Paulette no vuelva a repetirse (o historias similares), ya sea en Europa o en Oriente Medio.
jueves, 23 de diciembre de 2010
La strada (é arrivato Zampanó)
Hace poco tuve ocasión de degustar una gran película, “la strada”, de Fellini. Perteneciente al neorrealismo italiano, cuenta la historia de un país devastado, arruinado y desolado por la guerra, donde los protagonistas sobreviven como pueden al legado de miseria y pobreza que ha dejado tras de si la segunda guerra mundial. En este contexto, esta película también podría ubicarse en la España posterior a la Guerra Civil. La historia comienza cuando Zampanó (soberbio Anthony Quinn) compra a Gelsomina por 10000 míseras liras, al quedarse esta huérfana de padre. Así pues, van vagando en una destartalada motocicleta con chiringuito y carpa detrás, donde Zampanó realiza su número (romper una cadena de hierro con la fuerza de sus pulmones), una y otra vez. Es Zampanó un superviviente más, un hombre agresivo y brutal con tendencia al alcoholismo, mientras Gelsomina intenta evadirse de la triste realidad que le ha tocado vivir recurriendo a su ingenuidad y su imaginación, como contrapunto al personaje de Zampanó.
Surge entre ellos un conato de enamoramiento zanjado rápidamente por el orgullo y la soberbia de Zampanó y la timidez de Gelsomina, que mantiene su fidelidad a Zampanó por encima de los límites que le marca su conciencia.
Ambos comparten una profunda soledad y una vida de marginación y desarraigo allá por donde van. En mi opinión es sintomática la frase que Gelsomina repite varias veces: “Si yo no me quedo con él, ¿quien lo hará?”.
Su recorrido por Italia les lleva a los lugares mas variopintos, visitando incluso un convento y uniéndose temporalmente a una compañía circense, en la que no cuajarán debido al enfrentamiento del pendenciero Zampano con uno de sus miembros.
Y sobre todo, esta el simbolismo de la película, su magistral manejo de los pequeños detalles.
La soberbia banda sonora es de Nino Rota. La melodía central, que se repite a través de la película presenta una progresión desde cuando Gelsomina la balbucea al inicio de la película, hasta que la misma cierra la película. Asimismo, la playa es lugar de encuentro y despedida, donde los personajes comparten sus anhelos y esperanza, aunque también al final se convierte un lugar para el duelo. Asímismo, el camino se puede interpretar como la eterna busqueda un futuro prospero, pero que no traerá mas que nuevos problemas a los protagonistas y la certeza de saberse sometidos a una espiral de pobreza y miseria. En esta linea, también resulta llamativo que los miembros del circo y espectaculos ambulantes, cuya misión es divertir y entretener, hacer que la gente olvide sus problemas cotidianos se definan ellos mismos como los más pobres y desesperados entre los pobres.
Ganó el Oscar a la mejor película extranjera y fue nominada al mejor guión. Sin duda, gracias a la soberbia interpretación de Zampano por Anthony Quinn y a la no menor genial actuación de Gelsomina (Giuletta Masina).
En mi opinión una película imprescindible, con multitud de detalles por descubrir, una banda sonora esplendida, una buena fotografía en blanco y negro, dos actores en estado de gracia ¿hay quien de más?, señoras y señores, acomódense, è arrivato zampanó.
Y por cierto, aprovecho para felicitar la Navidad a mis escasos lectores.
Surge entre ellos un conato de enamoramiento zanjado rápidamente por el orgullo y la soberbia de Zampanó y la timidez de Gelsomina, que mantiene su fidelidad a Zampanó por encima de los límites que le marca su conciencia.
Ambos comparten una profunda soledad y una vida de marginación y desarraigo allá por donde van. En mi opinión es sintomática la frase que Gelsomina repite varias veces: “Si yo no me quedo con él, ¿quien lo hará?”.
Su recorrido por Italia les lleva a los lugares mas variopintos, visitando incluso un convento y uniéndose temporalmente a una compañía circense, en la que no cuajarán debido al enfrentamiento del pendenciero Zampano con uno de sus miembros.
Y sobre todo, esta el simbolismo de la película, su magistral manejo de los pequeños detalles.
La soberbia banda sonora es de Nino Rota. La melodía central, que se repite a través de la película presenta una progresión desde cuando Gelsomina la balbucea al inicio de la película, hasta que la misma cierra la película. Asimismo, la playa es lugar de encuentro y despedida, donde los personajes comparten sus anhelos y esperanza, aunque también al final se convierte un lugar para el duelo. Asímismo, el camino se puede interpretar como la eterna busqueda un futuro prospero, pero que no traerá mas que nuevos problemas a los protagonistas y la certeza de saberse sometidos a una espiral de pobreza y miseria. En esta linea, también resulta llamativo que los miembros del circo y espectaculos ambulantes, cuya misión es divertir y entretener, hacer que la gente olvide sus problemas cotidianos se definan ellos mismos como los más pobres y desesperados entre los pobres.
Ganó el Oscar a la mejor película extranjera y fue nominada al mejor guión. Sin duda, gracias a la soberbia interpretación de Zampano por Anthony Quinn y a la no menor genial actuación de Gelsomina (Giuletta Masina).
En mi opinión una película imprescindible, con multitud de detalles por descubrir, una banda sonora esplendida, una buena fotografía en blanco y negro, dos actores en estado de gracia ¿hay quien de más?, señoras y señores, acomódense, è arrivato zampanó.
Y por cierto, aprovecho para felicitar la Navidad a mis escasos lectores.
jueves, 14 de octubre de 2010
People is not polite
Con motivo de las fiestas del Pilar, la casa de las culturas de Zaragoza organizaba una jornada temática sobre Brasil. El programa incluía una exposición audiovisual y una charla a las 19:00 y una degustación gastronómica y una exhibición de capoeira para terminar. Como quiera que el tema me interesa, y el programa tenía buena pinta allá que me fui sin pensármelo dos veces. Al llegar, nos encontramos que los maestros de ceremonias eran una pareja bastante peculiar. Un argentino dando una conferencia sobre Brasil y una brasileña. Debo decir que el argentino fue de lo poco salvable de la charla. Reconozco que me encanta el acento argentino, lo que unido a su capacidad dialéctica intentaba hacer la charla lo mas amena posible, con más voluntad que acierto. La carioca fue otro cantar, lo cierto es que parecía tener algún problema con el guión de la conferencia, no se sabe si por falta de dominio de la lengua de Cervantes, o bien estaba hecha un flan. Yo me inclino a pensar que fue una mezcla de las dos cosas. A mi entender la charla estuvo mal enfocada, pues la mayor parte del tiempo se limitaron a leer datos numéricos sobre Brasil (población, superficie, porcentaje de razas, etc..), lo que resto dinamismo e interés a la charla. También sucedió un hecho, cuando menos curioso, cuando empezó a sonar un teléfono móvil. Mientras los asistentes se miraban unos a otros buscando al culpable, el argentino dijo: “discúlpenme señores, pero mi teléfono esta sonando y debo interrumpir la charla para contestar”. Reconozco que no recuerdo ninguna anécdota parecida en ninguna conferencia a las que he asistido.
Aunque el plato fuerte estaba por llegar. La degustación gastronómica consistía en una feijoada, esto es, un típico plato brasileño consistente en un estofado de judías acompañado por arroz. Se nos dijo que debíamos guardar una fila, pero lo cierto es que nadie se encargo de ello, y como suele suceder en estos casos, el parecido de lo que se formó con una fila era mera coincidencia. Como es natural, en cuanto empezaron a servir la feijoada, hubo un espectáculo mas propio del reparto de comida en el campo de refugiados de un país del áfrica subsahariana que de un país desarrollado. Empujones, gente colándose a doquier, improperios e incluso conatos de agresiones. Ante tal panorama, en medio de la marea humana que me rodeaba intente esforzarme por llegar a la mesa. Cuando estaba a punto de alcanzar mi objetivo una señora cuarentona me increpo, ante mi estupor, diciendome que si quería coger algo debía ponerme en la fila como todo el mundo. ¿Que fila, señora?, fue mi respuesta. Ante su insistencia me limite a señalarle: “no querrá que en este caos, donde mucha gente se estaba colando por doquier, fuera a ser yo el único que guardara cola civilizadamente, y tuviera que colocarme el último, cuando había sido uno de los primeros en colocarme en la fila”.
Finalmente conseguí mi objetivo, aunque la degustación nos tenía preparada un última sorpresa. Cuando la comida había aplacado a las masas, y era posible pedir un segundo plato sin el riesgo a quedar aplastado entre la multitud los platos de plástico se acabaron. El resultado fue que aproximadamente sobro la mitad de la comida por la que hasta hace poco la multitud había peleado sin cuartel.
A la cabeza me vino un articulo de uno de mis escritores más admirados (Arturo Perez Reverte) en el que describía a los españoles como un pueblo capaz de acuchillarse con saña por unas lindes, un yo te he mirado mal o un plato de comida, para luego caer en la apatía y el inmovilismo más absoluto cuando algún gobernante decide hacer de las suyas y cargarse de un plumazo derechos sociales conseguidos a lo largo de los años. Nos viene al pelo aquel dicho: primero vinieron a por los intelectuales, pero como yo no era intelectual no hice nada. Después vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío no hice nada. Y un día vinieron a por mí, y entonces intente rebelarme pero ya era demasiado tarde. Y así nos va.
Aunque el plato fuerte estaba por llegar. La degustación gastronómica consistía en una feijoada, esto es, un típico plato brasileño consistente en un estofado de judías acompañado por arroz. Se nos dijo que debíamos guardar una fila, pero lo cierto es que nadie se encargo de ello, y como suele suceder en estos casos, el parecido de lo que se formó con una fila era mera coincidencia. Como es natural, en cuanto empezaron a servir la feijoada, hubo un espectáculo mas propio del reparto de comida en el campo de refugiados de un país del áfrica subsahariana que de un país desarrollado. Empujones, gente colándose a doquier, improperios e incluso conatos de agresiones. Ante tal panorama, en medio de la marea humana que me rodeaba intente esforzarme por llegar a la mesa. Cuando estaba a punto de alcanzar mi objetivo una señora cuarentona me increpo, ante mi estupor, diciendome que si quería coger algo debía ponerme en la fila como todo el mundo. ¿Que fila, señora?, fue mi respuesta. Ante su insistencia me limite a señalarle: “no querrá que en este caos, donde mucha gente se estaba colando por doquier, fuera a ser yo el único que guardara cola civilizadamente, y tuviera que colocarme el último, cuando había sido uno de los primeros en colocarme en la fila”.
Finalmente conseguí mi objetivo, aunque la degustación nos tenía preparada un última sorpresa. Cuando la comida había aplacado a las masas, y era posible pedir un segundo plato sin el riesgo a quedar aplastado entre la multitud los platos de plástico se acabaron. El resultado fue que aproximadamente sobro la mitad de la comida por la que hasta hace poco la multitud había peleado sin cuartel.
A la cabeza me vino un articulo de uno de mis escritores más admirados (Arturo Perez Reverte) en el que describía a los españoles como un pueblo capaz de acuchillarse con saña por unas lindes, un yo te he mirado mal o un plato de comida, para luego caer en la apatía y el inmovilismo más absoluto cuando algún gobernante decide hacer de las suyas y cargarse de un plumazo derechos sociales conseguidos a lo largo de los años. Nos viene al pelo aquel dicho: primero vinieron a por los intelectuales, pero como yo no era intelectual no hice nada. Después vinieron a por los judíos, pero como yo no era judío no hice nada. Y un día vinieron a por mí, y entonces intente rebelarme pero ya era demasiado tarde. Y así nos va.
sábado, 15 de mayo de 2010
Cabiria

Recientemente había visto en un libro recopilatorio sobre las 100 mejores películas de la historia del cine el título de Cabiria. Llevado por la curiosidad, al ser un título desconocido para mí vi la película llevándome una grata impresión. Cabe decir que si hace poco comentaba que los musicales no son mi debilidad, el cine mudo en cambio, si es una de ellas. A la mente me vienen varios títulos míticos como “El gabinete del Doctor Caligari”, “Nosferatu” o la ya comentada en este blog, “Metropolis”. Y es que a mi entender, los clásicos del cine mudo, no solo envejecen bien, sino que el paso del tiempo las convierte en obras maestras, irrepetibles después a pesar de que el cine de hoy en día maneja unos medios materiales y económicos enormemente superiores a los empleados en estos tiempos.
Cabiria es un título inedito en España, dirigida en 1914 por el director italiano Giovanni Pastrone. Esta película es una perfecta fusión entre la mejor tradición del cine mudo con el cine colosal o peplum, a semejanza de grandes títulos como Ben Hur o Quo Vadis. Cuenta la historia de una pequeña joven romana (Cabiria), que huye en barco cuando el Etna entra en erupción. Posteriormente es raptada por piratas fenicios y vendida al sumo sacerdote Khartalo en el mercado de Cartago, para ser sacrificada como ofrenda al poderoso Dios Moloch. Paralelamente a esta historia, también aparecen las guerras púnicas entre Roma y Cartago. Gracias a esta película descubrí a dos personajes históricos como Masinisa y Sofonisba.
Masinisa era un rey numida, originalmente fue aliado de Cartago, junto con el general Asdrubal, derroto al también rey numida Sifax. Sin embargo, posteriormente Masinisa desertaría y colaboraría con los romanos hasta el punto de tomar parte en la batalla de Zama, junto al general romano Escipión.
Sofonisba por su parte era la hija del general cartagines Asdrubal. Inicialmente prometida a Masinisa acabó casándose con Sifax en el juego de alianzas durante la Segunda Guerra Púnica. Tras la batalla de Cirta, cayo en manos de Masinisa. Parece ser que sus encantos eran tales que Masinisa prometió perdonarla y no entregarla a los romanos casándose con ella. Sin embargo, Escipión insisitió en su entrega por lo que Masinisa le entrego un cuenco de veneno que ella tomó sin dilación para librarse de la humillación de acabar siendo una esclava de Roma.
Entrañable es también el actor que da vida al gigantón Maciste (Bartolomeo Pagano), reclutado entre los estibadores portuarios y cuyo papel en Cabiria le lanzaría a la fama.
Pastrone pone toda la carne en el asador, explotando todos sus recursos. La puesta en escena es grandilocuente y secuencias como el paso de Siracusa o la imagen del templo de Moloch donde Cabiria espera ser sacrificada son mas que meritorias teniendo en cuenta que la película roza los 100 años de antigüedad. El rodaje se llevo a cabo en Sicilia, Túnez y los Alpes, utilizando inmensos decorados y miles extras.
También hay quien ha visto en esta película un reflejo del expansionismo italiano en plena época del colonialismo, tras la reciente conquista del imperio otomano de posiciones italianas en Libia en la guerra italo-turca.
Recientemente me referí a West Side Story como una película bastante sobrevalorada. En este caso tengo que hablar de una película claramente infravalorada o en todo caso, muy adelantada a su época. De hecho en 1914 el cine daba sus primeros pasos, cuando aun no existían ni los premios Oscar ni los globos de oro, entre otros.
Años más tarde, el genial Fellini rendiría un merecido tributo a este filme, al titular una de sus películas como “Las noches de Cabiria” (Le notti di cabiria). Recomendada para los amantes del buen cine e imprescindible para los que les guste el cine mudo.
Sofonisba por su parte era la hija del general cartagines Asdrubal. Inicialmente prometida a Masinisa acabó casándose con Sifax en el juego de alianzas durante la Segunda Guerra Púnica. Tras la batalla de Cirta, cayo en manos de Masinisa. Parece ser que sus encantos eran tales que Masinisa prometió perdonarla y no entregarla a los romanos casándose con ella. Sin embargo, Escipión insisitió en su entrega por lo que Masinisa le entrego un cuenco de veneno que ella tomó sin dilación para librarse de la humillación de acabar siendo una esclava de Roma.
Entrañable es también el actor que da vida al gigantón Maciste (Bartolomeo Pagano), reclutado entre los estibadores portuarios y cuyo papel en Cabiria le lanzaría a la fama.
Pastrone pone toda la carne en el asador, explotando todos sus recursos. La puesta en escena es grandilocuente y secuencias como el paso de Siracusa o la imagen del templo de Moloch donde Cabiria espera ser sacrificada son mas que meritorias teniendo en cuenta que la película roza los 100 años de antigüedad. El rodaje se llevo a cabo en Sicilia, Túnez y los Alpes, utilizando inmensos decorados y miles extras.
También hay quien ha visto en esta película un reflejo del expansionismo italiano en plena época del colonialismo, tras la reciente conquista del imperio otomano de posiciones italianas en Libia en la guerra italo-turca.
Recientemente me referí a West Side Story como una película bastante sobrevalorada. En este caso tengo que hablar de una película claramente infravalorada o en todo caso, muy adelantada a su época. De hecho en 1914 el cine daba sus primeros pasos, cuando aun no existían ni los premios Oscar ni los globos de oro, entre otros.
Años más tarde, el genial Fellini rendiría un merecido tributo a este filme, al titular una de sus películas como “Las noches de Cabiria” (Le notti di cabiria). Recomendada para los amantes del buen cine e imprescindible para los que les guste el cine mudo.
lunes, 22 de febrero de 2010
Tiempos modernos, tiempos de siempre

Esta semana tuve la ocasión de “degustar” otra joya del cine mudo. En este caso se trata de la película “tiempos modernos” de Charles Chaplin. Lo que desconocía de Chaplin es que parece ser que el mismo se encargó del guión, dirección y música de la película, ademas de ser el protagonista con lo cual se consagra como alguien extraordinariamente polifacético.
El contexto histórico de la película (1936), nos lleva a los años de la Gran Depresión en Estados Unidos, vamos algo parecido a los tiempos que corren, pero a lo bestia. Las fábricas estaban empezando a adoptar el sistema de trabajo en cadena, algo monótono y estresante que convierte a las personas no en seres humanos, sino en simples piezas de un complejo engranaje que son desechables cuando se estropean. Tengo que reconocer que me sentí identificado en parte con la película. Me trajo al recuerdo una de mis primeras experiencias laborales. Lo conseguí mediante una ETT, y la fabrica se llamaba Pipelife, allá por el año 2001 o 2002. El trabajo era simple a mas no poder, se trataba de sacar piezas de plástico según salían de unas maquinas y colocarlas ordenadamente en cajas de cartón. Recuerdo que me toco atender 3 maquinas a la vez. De vez en cuando alguien venía a echarme una mano, pero la mayor parte del tiempo me las tenía que arreglar yo solo. Recuerdo que ir al servicio fuera de las pausas estipuladas era todo un ejercicio de ingeniería, y eso que el servicio se encontraba a 10 metros escasos de mi puesto de trabajo. Había que calcular el momento justo en el que las tres maquinas te darían un respiro (de unos 30 segundos), entrar raudo en el lavabo a poder ser con la cremallera bajada para no perder tiempo, y volver lo antes posible. Creo que duré 2 semanas, después no tengo muy claro si prescindieron de mis servicios o yo no puse ningún interés en renovar. Para acabar con la anécdota creo que me pagaban unas 6000 pesetas de las antiguas, que en su momento me pareció un sueldo razonable. Pero en mi ingenua candidez, no comprobé que en esas 6000 pesetas iban incluidas las pagas extraordinarias, las vacaciones y una retención del 2% a hacienda, lo que significa que de haber estado todo el año trabajando en esas condiciones, las arcas públicas me hubieran reclamado el año siguiente al hacer la declaración una cantidad superior a mi sueldo de mas de un mes.
Vicisitudes laborales aparte, en la película un obrero que trabaja en una cadena (Chaplin), acaba perdiendo el juicio desquiciado por el ritmo frenético de la misma. Después es encarcelado por participar en una manifestación obrera en la que se encontraba por casualidad, sin duda un toque genial Chapliniano. Al salir de la cárcel, conoce a una joven huérfana que se gana la vida como ladrona de poca monta, y acaban por irse a vivir juntos, mientras Chaplin prueba suerte en algún trabajo más.
A pesar de que el cine sonoro estaba instaurado desde hace más de una década, Chaplin apuesta por una película muda, con algún efecto de sonido, y realmente maneja la situación con maestría.
Sin duda la critica irónica a la sociedad industrial esta presente en todo momento. Movimientos mecánicos y repetitivos hasta la nausea. Maquinarias complicadísimas cargadas de palancas, correas, engranajes y botones. Todo controlado para que la cadena no se rompa y los indices de producción lleguen al máximo. A ello se enfrentara un ingenuo Chaplin, que al perder la razón se comportara de manera infantil, metiéndose en situaciones esperpenticas, absurdas y realmente cómicas. A lo largo de la película Chaplin probara suerte en otros oficios, pero no me parece ético adelantar nada más acerca de su argumento. Para quien no la haya visto podría ser toda una revelación y no hay que estropearle la sorpresa. Simplemente diré que a pesar de las situaciones comicas que se producen frecuentemente se esconde una cruel realidad. La de dos personas que viven en la miseria y que apenas tienen con que salir adelante, salvo con unas buenas dosis de optimismo y buen humor. Hace unos días comentaba que Fritz Lang era un visionario por adelantar el futuro en su película “Metropolis”. Chaplin no se queda atrás. Es posible que no hayamos cambiado tanto en 70 años, que las multinacionales sigan campando a sus anchas haciendo literalmente lo que les da la gana con sus empleados. La película guarda varios momentos memorables que dejare que quien quiera lo descubra por si mismo. Estamos ante otra obra de arte en la que el paso del tiempo no le afecta en absoluto, una lastima que fuera la última en la que Chaplin nos deleito con su entrañable personaje de Charlot.
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