domingo, 25 de octubre de 2009

Otros Mundos II: Duendecillo de Papagolandia.


"Aunque apenas mide un metro, es capaz de abatir presas mucho mayores que él, para succionarles los jugos vitales. Con sus antenas, semejantes a las de las polillas, pueden percibir todos los olores en 25 km a la redonda".


Hoy presento una nueva entrega de biología interplanetaria. El caso de hoy, es un claro ejemplo del típico topico, pequeñito, pero matón, ya que un animalillo de apenas un metro de altura, es capaz de abatir presas mucho mayores que el. Imaginamos además, que debido a sus antenas, capaces de percibir olores a gran distancia, no tendría precio como animal de caza. También resulta curioso, cuando menos, las multiples secciones en que se divide su ojo.

lunes, 12 de octubre de 2009

VI Redolada a Zaragoza (II en mi cuenta)

El pasado sábado 3 de octubre participe en la sexta edición de la Redolada a Zaragoza, la segunda en mi haber personal. Para un recién coronado jorgeador como yo, en principio debería tratarse de una prueba asequible, pero unos siempre inoportunos percances físicos me habían tenido prácticamente un mes en del dique seco (del 20 de agosto al de 20 de septiembre), y eso siempre se acaba notando. Esta claro que una prueba como la jorgeada de contrastada dureza necesita una preparación física, pero no es menos cierto que una redolada con sus 50 km si no es de obligada preparación, si que es muy recomendable.
Centrándonos en la prueba en si misma, este año presentaba un trazado revolucionario en relación con el del año interior. En lugar de la clásica redolada o trazado circular a Zaragoza, este año el recorrido partía de Juslibol, cogía la margen derecha del río Ebro, a través del soto de Cantalobos, para terminar en el margen izquierda pasando por una pasarela peatonal, que nos llevaba a la zona de los galachos de la Alfranca, Movera y Pastriz. A la vuelta, el camino se hacía íntegramente por la margen izquierda del rió Ebro hasta regresar a Juslibol.
La salida era a las 7:30 de la mañana del polideportivo de Juslibol, lo que equivalía a tener que levantarse a las 6 y cuarto de la mañana. Unas horas un tanto intempestivas, aunque la motivación es distinta, a por ejemplo, cuando nos toca madrugar para ir a trabajar. Además, en la salida nos obsequiaron con un chocolate caliente con bizcochos, manjar que nos ayudo a sobrellevar mejor el madrugón.
El primer tramo del recorrido es principalmente urbano. Bajando desde Juslibol hasta llegar a lo que fueron las instalaciones de la antigua Expo. Resulta alentador ver el estado de abandono en que se encuentran las instalaciones. Parece ser que la intención es instalar un parque empresarial pero a día de hoy lo cierto es que ese proyecto aún esta verde. A continuación tomamos el camino paralelo al río Ebro en su margen izquierda, hasta el puente de Manuel Gimenez Abad, en el que cambiamos de margen para continuar por el lado derecho. Lo cierto es que la zona ha quedado bastante adecentada, con miradores, bancos, áreas de descanso, etc. Las fuerzas iban bien, aunque dada mi poca preparación física opte por tomármelo con calma. Llegado a cierto punto, cambiamos a la margen izquierda del río nuevamente. En abril había hecho un recorrido parecido y lo cierto es que no había llegado a entusiasmarme. Allí me di cuenta, del error cometido, en lugar de seguir por la margen derecha hasta llegar al Burgo de Ebro, en una zona donde los polígonos industriales situados a unos pocos centenares de metros, así como la presencia de la autopista rompen todo el encanto de la denominada GR-99. Sin embargo el lado derecho, presentaba un aspecto bien distinto, con galachos y sotos en un estado mas que aceptable de conservación. Finalmente, tras pasar la zona de Movera llegamos a Pastriz, completando 23 km de la andada lo que significaba más o menos la mitad. Para esas alturas, uno de mis peores sospechas se confirmaron al comprobar que una ampolla empezaba a hacer acto de presencia en mi pie derecho, exactamente en la misma zona en la que estuvo a punto de hacerme abandonar en la Jorgeada el pasado abril. Aún no era grande, y no molestaba demasiado, pero una vez que las ampollas hacen acto de presencia solo se puede esperar una evolución a empeorar. Aún así pensaba que lo podría lograr. A partir de ese punto tocaba enfilar el camino de vuelta. Mi ritmo se hizo cada vez más cansino, estaba claro que no iba cómodo y que estaba acusando mi periodo de inactividad. Aún así me las arregle para imponerme un ritmo lento, aunque cadencioso y firme. Parando lo imprescindible en los avituallamientos, haciendo poco más o menos como los ciclistas de coger las viandas sin parar. Llegar a Zaragoza de nuevo supuso un alivio. Aún tenía por delante una decena de kilómetros, pero sabía que lo estaba logrando. Reconozco que se me paso por la cabeza, coger un autobús urbano o incluso un taxi para completar el tramo que me quedaba. Por un lado hacerlo me ahorraría padecimientos innecesarios. Por otro eso supondría traicionar, en mi opinión el espíritu de la andada. Finalmente seguí a pie. Cuando tenía a la vista el último avituallamiento y me quedaba poco menos de 4 km la ampolla empezó a molestarme un grado más. De haberme pasado 5 km antes hubiera tenido que abandonar. Pero estaba decidido a no ser Carlos Sainz en la versión andarin. Con una cojera evidente cruze la línea de meta. A la llegada, nos obsequiaron con la caña de cerveza de rigor, y una deliciosa caldereta de cordero. Tampoco falto la ya clásica camiseta, hasta un cachirulo nos dieron que ya que estamos en pilares no viene nada mal. Esperemos que la prueba no cambie de organizadores, no vaya a ser que se anime algún año el Ayuntamiento de Zaragoza.