viernes, 14 de octubre de 2016

Sing Street

Cada uno tiene sus debilidades, entendidas en este caso como prioridades o aficiones en grado extremo. La mía es mas bien un país Irlanda. A pesar de alguna mala experiencia al principio, tuve la suerte de residir durante un año en dicho país, periodo en el que se cumplió sobradamente mis expectativas y viví mis mejores experiencias, difícilmente repetibles después. Así pues, cuando me enteré que había en la cartelera una película irlandesa ambientada en los años 80, me presenté en el cine casi de inmediato. Y eso a pesar de ser una película musical y que los musicales no sean una de mis predilecciones, salvando honrosas excepciones. Connor (Ferdia Walsh) es un adolescente que pertenece a una familia de clase media-baja en el Dublin de los años 80. Va un colegio ultra-católico conservador, no faltando el matón de turno. En estas conoce a una chica que le hace tilin e intenta montar un grupo musical para tratar de conquistarla. El argumento parece a simple vista bastante simplista y parece que tendría todas las papeletas para convertirse en una película teen, cursi y predecible del montón. No es así gracias al talento del director, Jhon Carney, que con su toque personal a la película consigue que uno no pueda dejar de empatizar con el personaje de Connor. A pesar de que las circunstancias de Connor no son fáciles, una familia en descomposición, un matón que le hace la vida imposible en el colegio y un tutor mas que intransigente, encuentra en la música y en el grupo recién creado una válvula de escape para escapar de la mediocridad de una realidad hostil. El proceso de formación del grupo musical así como sus improvisadas actuaciones callejeras con una cámara casera y mucha imaginación no tienen desperdicio. Personalmente, me encanto las referencias del director a la cultura musical de los años 80, con guiños a grupos como Duran Duran, Bowie, the cure, depeche mode...... Así como quien no quiere la cosa, Connor consigue encandilar a la chica de sus sueños, transformando su indiferencia inicial en curiosidad y de paso poner en jaque al matón del colegio. Más difícil lo tendrá con el tutor del colegio para vencer su intransigencia y fanatismo, aunque hacia el final de la película tendrá que claudicar también. A pesar de su previsible guión, en este caso queda patente que lo importante no es lo que se cuenta, sino como se cuenta, la película funciona bastante bien en conjunto gracias a su banda sonora, recreación fiel de una época y en ocasiones su sentido del humor. Me pareció un gran papel del bueno de Connor (Ferdia Walsh), un actor adolescente y desconocido para mí hasta ahora. También se puede señalar el papel secundario de Aidan Gillen (el celebérrimo Meñique de Juego de Tronos) como padre de Connor. La película se cierra con brillantez para mi gusto, aunque he leído alguna crítica en sentido contrario. No revelaré el final por si alguno de mis escasos lectores se anima a verla. En ese caso les invito a que me den su opinión del final.

3 comentarios:

  1. Esa película la echaban en un avión en el que iba, pero no tenía cascos para escucharla. Parecía muy bien ambientada y me quedé con las ganas de verla en condiciones.
    Me alegro de que vuelvas a publicar. A ver si puede ser con más asiduidad.
    Saludos

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  2. Alabo el gusto del encargado de la filmoteca del avión, aunque una autentica pena lo de los cascos, ya que la banda sonora es uno de los fuertes de la película.

    Tengo alguna entrada más en mente, a ver si ahora que he cogido carrerilla no paro....

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  3. Acabo de ver la película, esta vez con sonido. Coincido contigo en que, a pesar de ser previsible, la película es bastante competente.
    El final es un poco fantasioso, pero lo veo coherente con la trayectoria de la narración.

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